XXVIII FESTIVAL LANTEJUELA

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XXVIII FESTIVAL LANTEJUELA

02/10/2023

El malagueño Bonela Hijo en un momento de su actuación junto a la guitarra de El Chino.M. M. M.

XXVIII FESTIVAL LANTEJUELA

Espectáculo: XXVIII Festival Flamenco / Al Cante: Bonela hijo, Laura Vital, Luis Perdiguero y Jehová Sierra / Al toque: Juan Manuel Cadenas alias El Chino, Jesús Zarrias y Eduardo Rebollar / Al baile: Cuadro Flamenco de Mabel Muñoz, con José Manuel Tudela (guitarra) y Ana Salazar e Inma la Carbonera (cante) / Lugar y fecha: Caseta Municipal de Lantejuela. 30 de septiembre de 2023.

Dice el refranero popular que donde menos se espera salta la liebre. Y el mamífero sonoro botó y rebotó en Lantejuela, territorio del que no todos saben que se inició en los festivales el año 1980 bajo el reclamo de la Madrugá Flamenca, evento que a partir de 1982 compitió en paralelo con el llamado Festival Flamenco del Algodón, ambos con carteles de nombres rimbombantes hasta los albores de los 2000, en que los lantejolenses optaron por programar a los profesionales no consagrados, lo que impulsó a la creación de la Asociación Flamenca Jehová Sierra, cantaor local.

A partir de 2014 se unificaron ambas denominaciones hasta 2019, en que, retomando el cardinal del festival primitivo, la noche jonda pasó a llamarse Festival Flamenco. Así, sin más adjetivos, pero con mucha sustancia, porque vivimos una noche vibrante, sin contradicciones entre ideas y conceptos, con un sonido que dejó bastante que desear pero con un elenco que puso en práctica ejecuciones muy bien trabajadas e irreprochables, como la bailaora local Mabel Muñoz, que, con un atrás apreciable y bien compenetrados, nos sorprendió al demostrar gran afinidad y conocimiento de la caña así como sentido del ritmo y de la concertación escénica.

Con matices pleno de firmeza, secos e hirientes, nos alcanzó Luis Perdiguero, con doblete en Jerez y estimulado por la sonanta de Jesús Zarrias, también con doblete en Moriles, destacando el cantaor por sus afinaciones constantes y la pureza de sus intenciones, desarrolladas con las palmas de Tate Núñez y Curro Carrasco y a través de la bulería por soleá y los tientos tangos, totalmente entregado y con un gusto expresivo atractivo en los agudos, ganando timbre y brillo en los fandangos de El Chocolate y Manuel Torre y aludiendo a la claridad tipológica de la bulería, sorteando de manera notable la compleja tesitura de los estilos, sobre todo los de Luis de la Pica y El Chalao.

La guitarra de El Chino mostró una ejecución compacta, brillante y transparente, lo que favoreció al cante de Jehová Sierra, gustoso y de timbre mate y árido en la variedad de la soleá apolá de Charamusco, en la que estuvo muy incisivo, solventó su nivel canoro ante los suyos y colocó más tarde perfectamente la voz en los fandangos a fin de cuidar no ya el refinamiento de la octava alta, sino lo más difícil, la caída de posición.

Opulencia, brillo y esplendor sonoros, son las referencias de Laura Vital, que llevada en volandas por Eduardo Rebollar, evidenció un lenguaje expresivo pleno de exactitud y dinámicas embriagadoras, tanto en los tangos como en la malagueña, destacando por el modo de calar con la voz en el público en su impecable dicción, de suprema tensión, y sobrada de inspiración y personalidad en las bulerías, lo que justifica la cerrada ovación que le dedicó el auditorio.

El público, silencioso y de un agradecido saber estar, gozaba con la entrega desmedida de los artistas, y dado que cada uno puso el listón en lo más alto de sus posibilidades, le tocó al Bonela Hijo demostrar por qué es de los mejores cantaores de su generación. Y es que el malagueño, no más ser estimulado por la guitarra de El Chino, sorteó de manera sobresaliente la espinosa tesitura de la malagueña de Chacón, para continuar de forma impactante con la seguiriya, plena de sonoridades primorosas así como unas construcciones melódicas impresionantes y harto complicadas, para proseguir con las cantiñas y los fandangos, a los que concedió proporciones colosales y esquivando las dificultades musicales, con lo que a nadie sorprendió que cosechara un gran éxito desde el punto de vista artístico y del conocimiento, evidenciándose en la reacción del público que con sus aplausos lo reflejó en su totalidad.

Ha merecido, por tanto, visitar Lantejuela y, aunque el Ayuntamiento habrá de disponer de un sonido a la altura del flamenco como patrimonio cultural en el siglo XXI, poner en valor el mérito de su festival, con una organización perfecta en tiempo y forma y un público de amable reconocimiento a las propuestas, con reacciones clamorosas ante la consistencia, el color y los acentos de la noche, sobresaliendo para el crítico Bonela Hijo, un cantaor de una vez, sin problemas técnicos y capaz de emitir unos tercios bien timbrados, colocados con punta emotiva y expansión.

En definitiva, aplaudimos a la impecable voz que hoy representa a Málaga, sobrado de inspiración y de suprema tensión y personalidad, que es lo que caracteriza a los cantaores que tienen cosas que decir y que, además, saben decirlas.